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Calle Corrientes – La Calle Que Nunca Duerme

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Una postal única de nuestra Ciudad, la calle que nunca duerme. No hay una sola forma de definir a la identidad de la Ciudad. La idiosincrasia porteña está conformada por personajes, sitios históricos, monumentos, pasajes y pasiones, pero sin dudas, cada una de las calles que conforman la geografía de la capital aportan un imaginario imposible de eludir para vecinos y turistas. Y es el caso de la Calle Corrientes, quizá, una de las principales formas en las que es evocada la Ciudad: un ícono de la porteñidad. La calle que nunca duerme, así la inmortalizó el periodista Roberto Gil. Recibió su nombre en 1822 como homenaje a la Provincia de Corrientes, en reconocimiento a su fervor por la causa de la Revolución de Mayo. Calle angosta hasta 1931, fecha en la que comenzó a obtener la fisonomía que hoy conocemos. Desde el bajo es escoltada por oficinas y su perfil más financiero, para dar inicio desde Florida a un recorrido extenso y variopinto de librerías que permanecen abiertas hasta bien entrada la madrugada; teatros prestigiosos donde conviven músicos y actores de talla, tanto nacionales como internacionales. La impronta gastronómica no pierde ocasión de mostrar su brillo con las famosas pizzerías donde este arte culinario se transformó en bastión. Avanzando en su recorrido podemos encontrarnos con su costado comercial en el famoso “Once” hasta dar con el famoso barrio tanguero del Abasto y así llegar al cementerio de la Chacarita, el más grande de Buenos Aires. En cada uno de los metros que la conforman se han tejido y se tejen pasiones y encuentros, historia y vida cotidiana con el color inigualable de una calle que nunca duerme y siempre permanece en vela para que vos la encuentres.

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